Me dueles, México; y no sé cómo decírtelo. A la distancia todo se ve tan nebuloso, tan lejano y sin embrago no existe mañana en que me levante y no te piense. Me duelen tus heridas, tu sangre derramada durante tanto, tanto tiempo. Tus silencios dolorosos hasta el asco. Me lastiman tus verdades a medias, tus tiempos, tu alegría e inocencia.
Me dueles, México, y no sé cuándo podré volver a verte con tu colorido, tu magia, tu festejos a piel abierta.
Me dueles y no sé qué hacer para curarlo.
lunes 18 de abril de 2011
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Excelente. Muy cierto. Yo tambièn lo siento...
ResponderSuprimirMuy bueno. Te felicito, Edecàn.
SaRax, nos duele porque lo queremos. Gracias por compartir.
ResponderSuprimirUn beso muy fuerte.
Me gusta mucho este dolor, y no porque duela, sino por la forma de contarlo.
ResponderSuprimirEs el peligro que tiene lo de ir dejando raíces por donde nos asentamos, que luego..., nos duelen cualquiera de sus dolores (aunque también nos alegran cualquiera de sus alegrías). Volverás a ver México, amiga.
Y a ti agradezco por responder a mi msj.
ResponderSuprimirTambièn para ti beso fuerte