miércoles, 8 de septiembre de 2010

Caída

Caída libre. Esperan los hados obscuros verme estrellada. Y yo sostengo mi vuelo para no caer, para no volver a hundirme.
¿Cuántas batalles -me pregunto- deberé discurrir, para que por fin un día culmine la guerra y lleguen las horas de paz? ¿Cuánto más tiempo he de perder buscando aquello que sé que no me hace feliz? Sospecho que muy poco. Mis tiempos se acotan como los días de otoño e imagino mis tardes liberada de ellos.
Atardece cada vez más temprano; y yo que sueño vivir siempre en verano...

lunes, 23 de agosto de 2010

Sólo 24 hs.

(para la Ciudad que me vio nacer y lo seres que en mi corazón son parte indivisible)

Salimos de La Reforma, con el tequila bien prendido. Noche en pleno inicio. Seductora, la ciudad, nos ofrecía sus calles. Tomé la mano de mi amante y cruzamos rumbo al coche. -¡Manejo yo! -exclamé- ganando las llaves. Ninguno de los dos estaba en condiciones para hacerlo, pero sí algo disfruto es de conducir embebida y con música. El destino estaba cerca: El Tenampa. Unos tequilitas nos esperaban para desahogar netas, llorar amores, brindar y ¡agarrar la fiesta! Luis y yo -como la mayoría de los mexicanos- siempre encontramos un pretexto para juntarnos y echar los drinks. Unas de las mejores costumbres de nuestra tierra.

Mi cómplice sonrió y dejó que me saliera con la mía, su coche bajo mi mando. Busqué un par de discos; puse Lila Down. El delirio del maguey corriendo por nuestras venas a toda sinfonía de “Paloma negra”. Giré y tomé Viaducto. El tráfico iba intenso. En plena faena de cambiar de carril, un patrullero atravesado nos obligó a frenar. Luis sacó su cabeza por la ventanilla; al volver clavó sus ojos y exclamó: -¡El alcholímetro! -¿Qué? le dije, sin entender nada. -¿Traes licencia? insistió. -¿Licencia?, no, pus ya sabes que yo de papeles, sólo de los “otros”carnalito; dije guiñándole un ojo en señal de alivianarnos. Las luces rojas y azules, poco ayudaban.

-¡Cámbiate; órale, ahora!, gritó Luis sin dudarlo. En menos de un instante brinqué al lado del copiloto. Quedó él con el volante en mano. Hizo rápidos movimientos: bajó el volumen, se metió un chicle, se miró al espejo haciendo muecas de “cordero inocente”. -No hay bronca, traemos lana. ¡En diez minutos estamos fuera! A penas dije que sí e iba a comenzar darle las gracias, cuando dos policías golpearon la ventanilla. -Aquí los gestiono, cariño. “Baje del coche, enseñe licencia, credencial, sople aquí, ¿cuántas tomó? Luis, tranquilo contestaba mientras sacaba los freedom billetitos -No, amigo, nosotros no agarramos lana; expresó sereno el policía reteniendo los papeles. -Vamos... p´los chescos, ofreció Luis confiado. Pero el poli, -si bien no se ofendió- reiteró que no aceptaban mordidas y se lo llevó. ¡Maldición, el único policía honesto, y tenía que tocarnos a nosotros! Vi como otros coches también eran víctimas de este incorruptible equipo de “Mordidas Cero”.

Luis fue encerrado en el patrullero para luego ir al torito. Yo agradecida como jamás lo estuve, y más sobria que nunca. La ciudad ardiente, ahora nos dejaba helados. Metí mi cabeza en el poli coche y Luis y yo nos besamos con pasión. Tragándonos las ganas de seguirla, bebiéndonos; comiéndonos la boca. Juramos escaparnos al día siguiente ¡hasta desquitarnos con todo!

El poli conductor dio la orden de arrancar; otro me sacó de allí. Se llevaban a mi amante y con él la magia de esa noche; pero sólo por las próximas veinticuatro horas, no más.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Sueños de una noche de agosto





Mi cuerpo desnudo revuelto entre las sábanas obscuras remata en imagen de la redondez de mis nalgas devueltas en el espejo. Por la ventana, ligeramente abierta, entran algunos despistados rayos de sol. El aire se ha vuelto espeso, aún huele a canela y sexo húmedo. En la vigilia de mis sueños, Javier se levanta y abre el cristal, permitiendo que entre una brisa fresca y renovadora. Sé que me observa desde la distancia. Su mirada es consistente como lo son sus caricias. Me recorre completa, sin la urgencia del deseo; deteniéndose en los detalles de mis pecas, de mis redondeces y mis defectos. Siento su goce de hacerlo, sus ganas contenidas en la intensidad de sus ojos. El tiempo parece detenido, atado por un hilo invisible que une su mirada a mi piel.
Vuelve a la cama. Tienta mi hombro con la tersura de su palma abierta, baja por mi brazo y toca mis dedos uno por uno hasta estacionar su mano a penas perceptible sobre mi cintura. Contornea mi abdomen, alargando sus dedos hasta el nacimiento de venus. Me seduce lentamente. Atrae su cuerpo al mío, sin pegarlo; dejando que mi deseo crezca desde dentro, viéndolo gestarse. Finjo que duermo. Dejo que adore mi cuerpo y mi ser en silencio, como si fuera un tributo. Cedo mi voluptuosidad sin que yo renuncie a mi postrada posición. Javier sabe que no estoy dormida. Él juega mi juego.
De rodillas contra la cama, se yergue encima mío. Ofrezco mi piel. Me entrego sumisa, carente de mandato. Frota su sexo potente en mi intimidad líquida. Me penetra de forma precisa; siento cada poro de su pene entrar en mi interior. Lo recibo despojada de control; prendada de ardiente deseo. No soy la dueña de mis fantasías; esta noche es él quien me las dirige. Lo imagino como un dios volcánico, hurtando fuerzas a las entrañas de la tierra, hasta poder explotar y derramar así su lava impetuosa. Todo mi cuerpo es una caldera.
Me toma de las caderas y me acomoda a su antojo. Me embiste tenazmente. Sabe que no podré contenerme mucho más, entonces baja sus ansías, disminuye sus movimientos y acaricia mi espalda con determinación suave. Respiro y me concentro. Es él quien me eleva, y me maneja. No deja que me pierda en la mitad del camino; me quiere llevar al límite del abismo, y caer juntos. Regresa ahora a los espirales de gozo, acelera su deseo, busca que los dos estemos listos para verternos en acuosa manifestación de Eros. Cabalgamos sobre olas del placer. La turbulencia de las respiraciones nos marcó el tiempo. Sentí su potencia abrirse paso entre mis ganas ansiosas, su cuerpo se temblaba apasionado. Sus músculos se tensaban cada vez más y yo, poseída por él, seguí sus energía erótica como igual efervescencia. El volcán estallaría y yo, junto con él. Nos entregamos al gozo máximo de explotar juntos. Una gota de espesa consistencia rodó por mi pierna y saludó al dedo gordo de mi píe. Nos quedamos inmóviles, atesorando el recuerdo, tatuándolo bien dentro de nuestra memoria. Sabiendo -ambos- que pocas veces el unísono de las pieles y el deseo de mezclan. Esa noche la recordaríamos, más allá de dirección tomaran nuestros caminos.

viernes, 2 de julio de 2010

Diablo alado

Dragón de mis entrañas efervescentes no dejes de lamer mis cavernas e intentar robarme. No cedas nunca a tu deseo de provocarme. No abandones tus ganas de despojarme de mis cadenas.
Dragón de alas negras que me roba para tragarme en el espejo; arranca tú, mis pezones erguidos y vuélveme tu ansia.
Dragón endiablado, poseéme y devora mi alma. Conviérteme en deseo derramado.
Sólo así seré tuya. Sólo así seré libre.

miércoles, 30 de junio de 2010

dieciocho de junio

De aquello que soñé y fui incapaz de confesarme,
vos me hiciste ver.
Sin palabras rebuscadas
ni miedos socavándonos;
sin los labios apretados para negar el beso
ni horarios,
sin expectativas,
más que volver a verte.
Sin pretender mostrarme y ser la estrella
o esconderme debajo de mi piel.
Sin más que mi emociones
y el deseo de permanecer.
Sin tregua de ganas,
mi deseo;
abierta
me entrego
completa para ser
uno mismo.

viernes, 28 de mayo de 2010

puntual

La inteligenica y la belleza son tan peligrosas como tus ojos mirándome del otro lado del espejo.

jueves, 29 de abril de 2010


De cajas y de cambios, está colmada mi vida. De trasformaciones, de sueños, de risas; de lágrimas, de terrores; de vidas. Mezcla de lo que soy y lo que busco.
Con mis maletas, y las de mi pequeño, así vuelvo a salir por una puerta que ya no es mía, a dormir en su cama con sus dedos enredados en mis cabellos cuidando mi sueño.Con los ojos abiertos colmados de ilusiones. Caminando segura sobre un nuevo sendero.
¡Brindo popr todas mis horas; por aquello que fui y todo lo que me dieron! y me renuevo, una vez más, ¡y voy enamorada a su encuentro!