Las mujeres no tenemos un símbolo sexual equivalente a lo que significan las prostitutas para los hombres. Es un hecho. No lo digo desde una posición moralizante, tampoco hago ésta división con pretensiones sexistas, sino que surge como la necesidad de encontrar un emblema semejante. ¡Claro! existen hombres dedicados a la pornografía (sex simbols, streeapers, latin lovers caza fortunas) que son capaces de volver loca hasta a la mujer más aseñorada; frívolos, cachondos, interesantes, arrivistas, seductores, inteligentes; existe una amplia gana, pero no le llegan ni a los tacones —rojos por cierto— de lo que representa la prostitución y el significado tan amplio que conlleva. Es sabido públicamente que es la profesión más antigua y que ellas han desempeñado un rol muy significativo en nuestra sociedad, a pesar de ser considerada (en la mayoría de los países, al menos de este lado del mundo) como una actividad fuera de la ley.
Sin alejarnos del punto de partida, las féminas de este planeta no tenemos este símbolo; es un hecho. Los motivos por lo cuales carecemos de esto pueden ser múltiples: la opresión con la que se ha manejado la sexualidad femenina desde hace miles de años; porque entendemos de forma diferente el amor y el sexo; por lo que fuere, no está presente. Me pregunto ¿qué hubiera pintado Toulouse Lautrec si hubiera sido mujer?, ¿dónde hubiera depositado la fuerza de su pincel? Los cabarets, las variedades, las interminables noches que pasan estas mujeres paradas en las esquinas esperando a sus clientes, tantas y cuántas más historias tenemos de ellas reflejadas en las bellas artes, en la poesía de Bukowsky, en la narrativa de Miller , en los films de Almodóvar. Musas de los grandes maestros, que han dedicado parte de su obra — o esta completa— a retratarlas, amarlas, vivir con y para ellas; ¿cuántos no han corrido a sus camas, bajo las sábanas sucias de hotel barato a llorar como niños sus más amargas penas? Las han sentido madres, amigas, amantes, hermanas. ¿Cuántas de ellas no han sido, o son hoy mismo, consejeras de artistas, políticos, directores, padres de familia, quebrados o sobresalientes? Esta idea romántica es la que me asalta al enfrentarme a las obras que abordan el tema y sin embargo a pesar de haber buscado un espejo de ellas, aunque sea un reflejo de lo que representan en el género masculino, me he quedado desolada. Cuando intenté escribir un poema pensando en dedicárselo a “ellos” no pude encontrar tan sólo el sinónimo para nombrarlos. ¡Ni hablar de los fetiches! “una minifalda justo abajo de las bragas rojas transparentes, medias de red con ligueros; un brassier que se cae con tan sólo jalar un hilito.” A cambio, ¿qué nos ofrecen a nosotras...? ¿una tanga de leopardo y unas botas vaqueras? ¡Que a su vez compartimos con el mundo gay! Pareciera que siguen siendo ellos solamente quienes imaginan fetiches. Mentira. Ustedes, mundo masculino, tienen mucha imaginación, no hay duda. Han “diseñado” un estilo de nosotras mismas, lo han hecho a imagen y semejanzas de sus propias fantasías sexuales; nosotras aún hemos confeccionado el nuestro. Quizás porque no tenemos los mismos intereses y jamás tendremos, pero —pienso— ¡que interesante hubiera sido! Más justo, tal vez. Digo todo esto con libertad, sin meterme de ninguna manera con la guerra de poder, que encierra tanto la prostitución como el sexo; es sólo por la belleza que este mundo despierta, la fascinación poética, la sordidez que nos explota sobre la cara; por el espejismo.
Sin duda todos somos parte, tanto los que las llaman prostitutas, o sexo servidoras, rameras, golfas, putas... (en algunos casos nefastos, al lado de la palabra madre/s) ¿Cómo negar que somos hijos de esto? El tema es inagotable; distintos puntos de vista, posiciones, perspectivas, sin embargo quedamos faltas de este modelo, huérfanas; a la deriva de las fantasías que seamos capaces de inventar.
martes, 3 de marzo de 2009
Tacones rojos.. ¿dónde están?
miércoles, 25 de febrero de 2009
Tiempo en que vivimos
lunes, 23 de febrero de 2009
¿dudas?
No escribo sin sus ojos; ni una puta palabra sale de mí si no rodea su espíritu; ¡Eso no es amor! pues convence a Dios padre que no, pero a mi regálame otra mamada sabrosa, rica; jálame los pelos; patéame; lléname de leche, tibia, niña, besa mi espalda y arrúllame; dime que me amas y que te quedarás. Sin marcharte mañana
ni pasado,
ni nunca; a mi otro mundo; juráme que aquí, entre tus brazos, bajo tus sábanas, con tu verga, tendré mi lugar,
esperando.
¡Ja...! ¿dudar de eso?; (debo) no puedo, me dices que no fue cierto ¿qué tú no eras mi dueño? no lo creo ¿qué no quedan marcas?
¡No lo creo, caraja madre! No. simple.
Orgullo ¡puta, como pica!
silencio...
sábado, 21 de febrero de 2009
Un poco de chat
Necesito urgente reponer mi grabadora digital, esto de manejar e intentar escribir, no lo veo muy seguro, trataré de llegar a mi laptop lo antes posible. Abrí el chat; ahí estaba Z. El icono color verde indicaba “disponible”. Y sí, Z siempre parecía estar disponible, tal vez no sólo para mi, como me hubiera gustado, pero así cabronamente disponible. La humedad de mi sexo me exigió ignorar esta tontería.
Yo: Hola- escribí, tardó menos de dos minutos en contestar.
Z: - hola.
mmmmmm si no me pongo creativa, pasaremos así toda la mañana, pensé.
Yo: cómo te amaneció?- (puse). Lo bueno del chat es precisamente eso, que puedes crear el papel que desees, inventas personajes, historias, juegos de palabras. -Jajaja (añadí antes que él contestara). El humor es uno de mis condimentos favoritos antes del sexo.
Z: amaneció vivo; contestó y añadió su clásico jajaja.
Más de la mitad de las conversaciones que he tenido con este chico han sido vía cibernética y la mayoría de ellas se parecen más a un juego de ajedrez que a una historia epistolar; mover las fichas con precisión, contestar rápido, medir; decir lo justo; estrategias. De eso se trata. Es muy sexy pensar qué siente el otro, lo que imagina; verlo tocarse, su labios retorcerse, es como entrar en su sexo; un homenaje cinematográfico. A veces ponemos la cámara, mmm que delicia...; me fascina; hoy tengo más ganas de sentir que imaginar, estoy cachonda y no ando de mucho humor creativo.
Yo: rico, contesté; y ya no puse jaja.
Z: -mmm-.
Elocuente respuesta, pensé.
Z: - K haces?- escribió, siete minutos después.
Yo: -jugando.
Silencio. Ambos muñequitos siguen en verde; disponibles. Silencio. Cada uno pensando sus movimientos y las estocadas. Una faena interesante, sin reglas ni límites de tiempo; donde el resultado puede tener las variaciones menos imaginadas desde terminar en una cita de tres, hasta cerrar el messenger con sentimiento de frustración por no haber podido lograr lo que anhelabas. Juego fantástico que no termina, hasta que se acaba. Debía esperar un poco.
Tomé un trago largo de mi café.
Z- a k juegas? preguntó. Podía imaginar su expresión escribiendo esto; mi ansiedad fue profunda.
Yo: a imaginar que te encuentro en el chat y dices que te escaparás para venir a verme...
Z: suena muy bien... - agregó.
Yo: te espero?
Otros minutos de silencio. No sabía si había echo bien en pedirle que viniera, a veces él sólo desea fantasear en el cyber espacio. Pero no puede ser siempre lo que Z quiera, esta mañana estaba very hot para mi.
Z: en media hora. Diré que estoy en junta. Tengo 45 min.- Sentenció al fin.
Mis ansiosos dedos se abalanzaban sobre el teclado para contestar un gigante Sííí!!!!. Me detuve. “Con calma”, me dije. Tardé unos minutos responder. “Es tu turno de comer un ansiedad” pensé. Nuevamente los muñequitos verdes encendidos; silencio.
viernes, 20 de febrero de 2009
sangre
voraz animal que me persigue; me alejo, me escondo, huyo; me encuentra; clava sus dientes; filosos colmillos; rasga mi pecho, lo abre, explota; brota mi sangre, caliente, roja, espesa; me duele, me excita; llora mi ansiedad satisfecha; esta noche ha muerto
jueves, 19 de febrero de 2009
Crear

Nada de eso.
Hay días que pienso en cambiar quien soy y transformarme en un ser distinto. Tal vez lo anterior ni sea necesario; si sólo moviera algunas de las piezas del ajedrez entonces podría probar ser otra. Me gusta quien soy, es cierto, pero estoy cansada. Hace rato ya, y no consigo dejar de estarlo. Mis tiempos de ocio son suficientes, los del goce también, la recreación tampoco es el problema; sin embargo esta sensación (porque es una sensación nada más) irremediablemente aparece; a veces un miércoles, otras un sábado; no importa si es feriado o estoy repleta de trabajo; se presenta y se instala. Abrir un círculo nuevo ayudaría bastante, aunque a veces la pereza de hacerlo es lo que me detiene. Ni siquiera la pereza de hacerlo, yo para eso ignoro la este pecado capital, sino el presentimiento del desenlace, es mi desaliento. Me gusta quien soy, mi mundo; reo que porque tanto me gusta, es que debo aprender cuidarlo mejor, a cerrar mi interior, no permitir que cualquiera sienta que tiene derecho de entrar, no señor. Existen reglas en esta casa; a veces parezco olvidarlas.
Me pierdo.
En este afán tan mío de buscar conexiones, en mi ansiedad del encuentro mágico, es la premura la que gobierna mis emociones. Abro mi intimidad, mi cama, mi vida; afloro. Compartirlo me encanta, simplemente me encanta, luego pago con el dolor del abandono y la huída. Al entregarme, doy una parte de mi, no sé separarme, dividirme. Para cuando debo hacerlo, ya estoy desfragmentada. Soy la que parece capaz de todo, sin embargo no lo soy, solo aparento. Tengo tanto miedo e intentos por esconderme, que al final del círculo termino no siendo; me convierto en mis personajes, tan honestos y sinceros, pero no dejan de ser eso: un personaje. Y otra vez me desfragmento.
Esa soy yo.
Un ser integro, cosido por finos hilos de retazos propios. Sé que una vez soñé ser quien soy y la vida que tengo. Hoy deseo imaginar otra, proyectarla; no sé si será falta de inspiración, o que los horizontes los veo cortos, pero no se me ocurre que vida inventarme; entonces escucho vidas ajenas, las observo, me zambullo en ellas; anhelo tomar algo y hacerlo mío, y cuando vuelvo a girar encuentro que otra vez lo he contaminado. En vez de escuchar, hablé con mi ego hasta el tope, una vez más me siento triste por no poder dejar de ser yo misma; ni al escribir estoy en tregua. Este canto desesperado y agotador de continuar el mismo sendero a pesar saber que no conduce a la meta deseada, es un trabajo que se diluye.
Ego, con él o sin él, estoy en problemas.