martes, 21 de diciembre de 2010
Yuxtaposición
No hay resultados, sino caminos a recorrer.
Senderos que trazamos.
Horas de vida.
Sonrisas, lagrimas; llantos y vos . Y yo.
Ondulante. Entre la luz y la sombra.
Cierro.
El año que entra será nuevo.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Sueños...
Sueños que se trabajan y con la ayuda de todos, poco a poco se consiguen. Sueños que se cumplen; sueños que te enseñan a seguir soñando...
lunes, 15 de noviembre de 2010
Aceptarnos
Y de estos días y de los aquellos, quedan las ganas.
La voluntad de ser mejores a cada momento, la delicia de disfrutar de un sitio, y la alegría de saber que estoy viva; que mis palabras son más que sujeción de letras inconexas y que mis sueños ¡mis sueños! vuelan alto y que alcanzarlos es una forma de vida. Que jamás tendré todo lo que deseo necesito, que ya lo sé. Que hay personas que viven sin quebrarse a la cabeza a cada día, o que no sienten ganas de llorar viendo girar el lavarropas; también lo sé. Y de las otras, las que se quiebran en un instante y después sueltan la carcajada. Así soy. Y jamás sabré por qué o cómo es que soy así y sin embargo, no me preocupa. Es lo mágico de la vida que hay días, días, y ¡DÍAS! , que el saberlo es sólo aceptar lo que somos. No más que eso. No una búsqueda de justificación a cada paso o decisión, sino una forma de ser, de amar la vida. Así somos y cada uno tiene tanto derecho a serlo como a negarlo, a vivir, como a pasar, a estar, a permanecer, luchar, sufrir... por su propia naturaleza extraña e enrarezada, y que en el fondo último tampoco eso importa. Sólo tus pasos y tus razones.
jueves, 4 de noviembre de 2010
XIII Sonetos Orgasmolátricos y Balada
Descarga PDF: http://www.diablo.es/images/report-orgasmolatrico.pdfmiércoles, 8 de septiembre de 2010
Caída
lunes, 23 de agosto de 2010
Sólo 24 hs.
(para la Ciudad que me vio nacer y lo seres que en mi corazón son parte indivisible)
Salimos de La Reforma, con el tequila bien prendido. Noche en pleno inicio. Seductora, la ciudad, nos ofrecía sus calles. Tomé la mano de mi amante y cruzamos rumbo al coche. -¡Manejo yo! -exclamé- ganando las llaves. Ninguno de los dos estaba en condiciones para hacerlo, pero sí algo disfruto es de conducir embebida y con música. El destino estaba cerca: El Tenampa. Unos tequilitas nos esperaban para desahogar netas, llorar amores, brindar y ¡agarrar la fiesta! Luis y yo -como la mayoría de los mexicanos- siempre encontramos un pretexto para juntarnos y echar los drinks. Unas de las mejores costumbres de nuestra tierra.
Mi cómplice sonrió y dejó que me saliera con la mía, su coche bajo mi mando. Busqué un par de discos; puse Lila Down. El delirio del maguey corriendo por nuestras venas a toda sinfonía de “Paloma negra”. Giré y tomé Viaducto. El tráfico iba intenso. En plena faena de cambiar de carril, un patrullero atravesado nos obligó a frenar. Luis sacó su cabeza por la ventanilla; al volver clavó sus ojos y exclamó: -¡El alcholímetro! -¿Qué? le dije, sin entender nada. -¿Traes licencia? insistió. -¿Licencia?, no, pus ya sabes que yo de papeles, sólo de los “otros”carnalito; dije guiñándole un ojo en señal de alivianarnos. Las luces rojas y azules, poco ayudaban.
-¡Cámbiate; órale, ahora!, gritó Luis sin dudarlo. En menos de un instante brinqué al lado del copiloto. Quedó él con el volante en mano. Hizo rápidos movimientos: bajó el volumen, se metió un chicle, se miró al espejo haciendo muecas de “cordero inocente”. -No hay bronca, traemos lana. ¡En diez minutos estamos fuera! A penas dije que sí e iba a comenzar darle las gracias, cuando dos policías golpearon la ventanilla. -Aquí los gestiono, cariño. “Baje del coche, enseñe licencia, credencial, sople aquí, ¿cuántas tomó? Luis, tranquilo contestaba mientras sacaba los freedom billetitos -No, amigo, nosotros no agarramos lana; expresó sereno el policía reteniendo los papeles. -Vamos... p´los chescos, ofreció Luis confiado. Pero el poli, -si bien no se ofendió- reiteró que no aceptaban mordidas y se lo llevó. ¡Maldición, el único policía honesto, y tenía que tocarnos a nosotros! Vi como otros coches también eran víctimas de este incorruptible equipo de “Mordidas Cero”.
Luis fue encerrado en el patrullero para luego ir al torito. Yo agradecida como jamás lo estuve, y más sobria que nunca. La ciudad ardiente, ahora nos dejaba helados. Metí mi cabeza en el poli coche y Luis y yo nos besamos con pasión. Tragándonos las ganas de seguirla, bebiéndonos; comiéndonos la boca. Juramos escaparnos al día siguiente ¡hasta desquitarnos con todo!
El poli conductor dio la orden de arrancar; otro me sacó de allí. Se llevaban a mi amante y con él la magia de esa noche; pero sólo por las próximas veinticuatro horas, no más.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Sueños de una noche de agosto

Mi cuerpo desnudo revuelto entre las sábanas obscuras remata en imagen de la redondez de mis nalgas devueltas en el espejo. Por la ventana, ligeramente abierta, entran algunos despistados rayos de sol. El aire se ha vuelto espeso, aún huele a canela y sexo húmedo. En la vigilia de mis sueños, Javier se levanta y abre el cristal, permitiendo que entre una brisa fresca y renovadora. Sé que me observa desde la distancia. Su mirada es consistente como lo son sus caricias. Me recorre completa, sin la urgencia del deseo; deteniéndose en los detalles de mis pecas, de mis redondeces y mis defectos. Siento su goce de hacerlo, sus ganas contenidas en la intensidad de sus ojos. El tiempo parece detenido, atado por un hilo invisible que une su mirada a mi piel.
De rodillas contra la cama, se yergue encima mío. Ofrezco mi piel. Me entrego sumisa, carente de mandato. Frota su sexo potente en mi intimidad líquida. Me penetra de forma precisa; siento cada poro de su pene entrar en mi interior. Lo recibo despojada de control; prendada de ardiente deseo. No soy la dueña de mis fantasías; esta noche es él quien me las dirige. Lo imagino como un dios volcánico, hurtando fuerzas a las entrañas de la tierra, hasta poder explotar y derramar así su lava impetuosa. Todo mi cuerpo es una caldera.
Me toma de las caderas y me acomoda a su antojo. Me embiste tenazmente. Sabe que no podré contenerme mucho más, entonces baja sus ansías, disminuye sus movimientos y acaricia mi espalda con determinación suave. Respiro y me concentro. Es él quien me eleva, y me maneja. No deja que me pierda en la mitad del camino; me quiere llevar al límite del abismo, y caer juntos. Regresa ahora a los espirales de gozo, acelera su deseo, busca que los dos estemos listos para verternos en acuosa manifestación de Eros. Cabalgamos sobre olas del placer. La turbulencia de las respiraciones nos marcó el tiempo. Sentí su potencia abrirse paso entre mis ganas ansiosas, su cuerpo se temblaba apasionado. Sus músculos se tensaban cada vez más y yo, poseída por él, seguí sus energía erótica como igual efervescencia. El volcán estallaría y yo, junto con él. Nos entregamos al gozo máximo de explotar juntos. Una gota de espesa consistencia rodó por mi pierna y saludó al dedo gordo de mi píe. Nos quedamos inmóviles, atesorando el recuerdo, tatuándolo bien dentro de nuestra memoria. Sabiendo -ambos- que pocas veces el unísono de las pieles y el deseo de mezclan. Esa noche la recordaríamos, más allá de dirección tomaran nuestros caminos.